Cómo mejorar la autosuficiencia temporal

Mensaje de los Líderes del Área



Élder Charles Christopher, Gran Bretaña
Setenta de Área

En el Reino Unido, el día 6 de abril marca el comienzo de un nuevo año fiscal. Como asesor financiero jubilado, esta fecha tiene para mí un significado particular, aparte del espiritual. Recuerdo estar realizando las gestiones necesarias para reducir las cargas fiscales de mis clientes y asegurándome de que sus asuntos estuvieran en regla para el comienzo del nuevo año. Era un proceso continuo que duraba todo el año y que requería de un esfuerzo coordinador y preparación.

Del mismo modo, la autosuficiencia temporal requiere preparación, y no es un proceso que tenga lugar una sola vez. ¡Como si pudiéramos esforzarnos al máximo durante solo un día al año y olvidarnos del tema hasta el siguiente!

No, en absoluto. La autosuficiencia temporal, la habilidad de cuidarnos a nosotros mismos, a nuestras familias y a otros, es una labor de toda una vida. Conlleva trabajo duro, estudio, oración y meditación. Requiere determinación y quizás en gran medida fe y autocontrol.

En este artículo, trataré el tema de nuestras finanzas, uno de los aspectos de la autosuficiencia temporal.

Se nos ha dicho que “si estáis preparados, no temeréis”. La fe viene de escuchar a nuestros líderes y confiar en su juicio inspirado. Uno de sus consejos es, por ejemplo, evitar endeudarnos (o deshacernos lo antes posible de nuestras deudas) y vivir dentro de nuestras posibilidades, pagando el diezmo y las ofrendas de ayuno para que el Señor pueda abrir las ventanas de los cielos para nosotros (véase Malaquías 3:10).

He aconsejado a muchos miembros en dificultad sobre sus finanzas. Es como ponerse a dieta. Las personas empiezan con ánimo pero se rinden demasiado pronto como para haber puesto a prueba el experimento de verdad. Solo unos pocos han aplicado los principios que se les ha enseñado durante el tiempo suficiente como para haber visto un resultado. “Tú nos has declarado cosas duras, más de lo que podemos aguantar”.

A una pequeña empresa, que era cliente mío, le estaba yendo muy bien cuando al director se le ocurrió comprarse un BMW por valor de 70.000 £, en contra de mi consejo. Después de todo, ¡su vecino tenía uno! Le dije que pasada la novedad, no tardaría en darse cuenta de que el coche no era tan importante, y que solo le haría empobrecerse. Él me llamó poco después. “Tenías razón, Chris”, me dijo, “es solo un amasijo de metal, y ahora no podemos pagar las facturas este mes”.

Al final la empresa se hundió y la tragedia fue que no tenía por qué haber pasado. Nos dejamos llevar por percepciones ajenas y nos gastamos el dinero comprando cosas para satisfacer esa imagen que tienen los demás de nosotros. Yo lo llamo “comprar según los deseos de otros”. Orgullo, viajes para satisfacer nuestro ego… llamadlo como queráis. Estas cosas pueden tener consecuencias trágicas.

Comparad esta historia con la del “tacaño Nick” de Portugal, quien vino a Inglaterra para buscar trabajo. Él tenía unos veintitantos y estaba casado. Le gestioné su primera hipoteca. Trabajaba duramente, pero sus compañeros lo consideraban alguien muy poco generoso. En resumen, un tacaño. Nunca salía con su mujer a ningún sitio, ni se iban de vacaciones, ni le compraba regalos. Solo trabajaba, trabajaba  y trabajaba.

Tras unos años, pudo pagar su hipoteca y ahorró suficiente dinero para volver a Portugal, construir su propia casa y dos apartamentos que empezó a alquilar. Lo último que oí fue que Nick estaba empezando otro negocio. ¡El “tacaño Nick” no era tacaño! Él tenía visión, se puso metas y se sacrificó por conseguir una seguridad económica para su familia. Solo compraba lo que realmente era necesario; sus otros deseos tenían que esperar.

¿Y nosotros? ¿Compramos “según los deseos de otros” o somos lo suficientemente pacientes como para esperar a fin de no contraer deudas –a menos que sean cosas imprescindibles, como la educación, una casa o un coche conservador, en cuyo caso las saldamos lo antes posible–?

Deberíamos pagar el diezmo y las ofrendas de ayuno. Os testifico que las bendiciones del Señor son reales y prosperaremos si somos obedientes. Lo sé por propia experiencia.

Si tenemos puesto un pie en el mundo de aquellas cosas materiales que no nos podemos permitir, demos un paso atrás lo antes posible. Los préstamos se deben pedir solo para lo esencial que ya hemos mencionado, no para cambiar de sillón. Aclarad vuestros deseos, fijad metas y haced planes para conseguirlos haciendo un buen presupuesto. Orad y trabajad en ello. ¡Estos son los ingredientes para lograr el éxito!

Véase también Economía familiar.