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Hábitos espirituales

Mensaje de los Líderes del Área

Élder Defeo
Élder Massimo De Feo Segundo Consejero de la Presidencia del Área Europa

Para la mayoría de las personas, desarrollar y mejorar buenos hábitos espirituales no es fácil ni automático. El camino hacia el desarrollo espiritual suele ser irregular y difícil.

Cuando me preparaba para salir a la misión, acudí a mi presidente de rama y le pregunté qué debía hacer para servir con honor. Él me dio una lista que incluía el estudio de las escrituras, la preparación física y espiritual, e incluso aprender a cocinar. Con mucho gusto empecé a prepararme en todos los sentidos para ser un “gran misionero”. Me di cuenta de que unas cosas eran más fáciles de hacer que otras y algunas eran bastante difíciles. Sin embargo, hice todo lo posible para convertirme en lo que el Señor esperaba de mí, incluso a pesar de los desafíos que enfrenté durante ese tiempo.

La preparación no fue fácil, pero dio lugar a verdaderas bendiciones que todavía disfruto. Sigo atesorando muchos recuerdos dulces de las personas que encontré al servir como misionero y de las experiencias espirituales que tuve entonces. Cuando obedecí el consejo de mis líderes, aun siendo en ocasiones difícil, sus instrucciones me ayudaron a ser el misionero que el Señor quería que fuera y, con el tiempo, se han convertido en parte de mi vida y de mi yo espiritual.

Padre e hijo estudian juntos las Escrituras

Del mismo modo, al esforzarnos por lograr resultados cuantificables en cualquier área en la que deseamos mejorar, a veces no es fácil seguir las instrucciones, adherirse a normas estrictas o simplemente mantenerse enfocado. Por ejemplo, si queremos mantener nuestro cuerpo sano y fuerte, tenemos que hacer ejercicio con frecuencia y proporcionarle alimento y agua con regularidad. No hacerlo nos causará debilidad o enfermedad y, si no tenemos cuidado, puede que incluso la muerte. Un equilibrio perfecto requiere no sólo incluir las cosas correctas para mantener nuestro cuerpo sano, sino también evitar las sustancias y prácticas nocivas que puedan ser perjudiciales para el mismo.

Los mismos principios se aplican a nuestro cuerpo espiritual que necesita de alimento constante para mantenerse sano y vigoroso. El régimen espiritual debe incluir buenos hábitos que nutran el espíritu y además debe evitar los hábitos que puedan dañarlo. En definitiva, será importante proporcionarle lo que necesita con frecuencia y a intervalos regulares para garantizar una nutrición constante.

El régimen espiritual debe incluir ejercicios espirituales regulares tales como la oración diaria y el estudio de las escrituras, ofrecer servicio, y nutrirnos espiritualmente cada semana. Este alimento procede de nuestra participación de la Santa Cena, de la asistencia a las reuniones de la iglesia y del ayuno mensual. Regularmente renovamos nuestra recomendación para el templo para asegurarnos de que todos los elementos espirituales están proporcionados de forma equilibrada para asegurar que nuestro cuerpo espiritual se alimenta adecuadamente. En ocasiones, será necesario ayunar y orar para pedir ayuda para proporcionar a nuestro espíritu la fuerza y la energía necesarias para hacer frente a retos específicos adicionales.

Estudio de las Escrituras

Al recordar mi experiencia misional y lo difícil que fue prepararme, evoco al mismo tiempo lo gozoso que era. Creo que los hijos de Mosíah entendieron lo importante que era nutrir su espíritu con abundante energía adicional obtenida gracias a los hábitos espirituales.

“... porque eran hombres de sano entendimiento, y habían escudriñado diligentemente las Escrituras para conocer la palabra de Dios. Mas esto no es todo; se habían dedicado a mucha oración y ayuno; por tanto, tenían el espíritu de profecía y el espíritu de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios' [1]

También se necesita ejercicio espiritual diario para conservar el testimonio y asegurarnos de que la certeza vence a la duda, porque lo que tenemos hoy, en lo relacionado con el testimonio, no permanecerá allí mañana si no hacemos algo para mantenerlo. De igual manera que al ejercitarnos, los músculos se fortalecen y desarrollan, para hacer que el testimonio se fortalezca y perdure, necesitamos rutinas espirituales diarias y constantes.

La tendencia del hombre natural es siempre esperar más del Señor y menos de sí mismo. A medida que desarrollamos hábitos espirituales más fuertes y experimentamos un poderoso cambio de corazón al nutrir nuestro espíritu adecuadamente con frecuencia y regularidad, estos hábitos espirituales se convierten en una parte integral de cada uno de nosotros y empezamos a esperar más y más de nosotros mismos y cada vez menos del Señor.

Trabajemos con diligencia para preparar, entrenar y nutrir nuestro espíritu, al igual que hacemos con nuestro cuerpo, mediante el desarrollo de buenos hábitos espirituales y evitemos los hábitos destructivos del mundo. Puede ser doloroso y difícil al principio, pero sin duda merecerá la pena a medida que disfrutemos de las bendiciones de este proceso espiritual de crecimiento y bienestar.

Notas:

[1] Alma 17: 2-3